Cuidados y normas - bebe cardiopatía

Nuestras normas y cuidados para un bebé con cardiopatías

En nuestros casi 14 meses de tener a Alejo en “casa” (entrecomillo casa porque también consideramos casa nuestra estancia en Boston) se nos aconsejó tener una serie de rutinas y normas de higiene. Muchas veces los médicos nos hacían hicapié en la importancia de ello. Para cualquier niño son importantes y en nuestra situación más. Tras la primera hospitalización de Alejo, decidimos tener en casa unas normas de higiene un poco más estrictas pero racionales para nuestro caso.

Quizás algunas de las cosas que vamos a decir suenen o parezcan exageradas y desagradables, no pretendemos quedar bien, queremos retratar nuestra situación, verbalizar aquello que nos aterró y los consejos sanitarios que recibimos. Con la finalidad de ayudar y aliviar a madres y padres que se encuentren en una situación semejante a la que nosotros vivimos.

Normas para visitar un bebé con cardiopatía

Cuando una mamá primeriza (o no) llega a casa con su bebé, tras unos días en el hospital en los que ha comenzando a mal dormir por dar el pecho, por las novedades de la situación, por la incomodidad de los puntos o la cesárea, etc… es lógico que los nuevos papás necesiten tiempo para adaptarse a su nueva situación.

Es un momento en el que madre e hijo se están conociendo, es tiempo de descansar siempre que sea posible y atender las necesidades del bebé, de la madre y del padre. Yo lo sentí así.

Nosotros llegamos a casa después de pasar un mes y medio con el bebé hospitalizado, después de que le hicieran una cirugía reparadora y tras entrar y salir varias veces de la UCI. Os podéis imaginar el escenario. Llegar a casa supuso una liberacion de tensión. Los días en el hospital darían para un post que no escribiré nunca porque esos días y situaciones son algo demasiado íntimo y doloroso. Como cualquier madre y padre entenderá, yo no quería separme de Alejo e intentaba pasarme todas las noches allí, a veces supuso alguna desavenencia entre nosotros porque Ángel me instaba a descansar en casa, pero yo no quería nada que no fuese pensar en Alejo. Cuando nos dieron el alta del hospital, llegar a casa fue maravilloso. ¡Por fin! Nosotros solos. Sin interrupciones del personal sanitario para tomar la temperatura del pequeño o para ponerle la medicación, sin las máquinas sonando… SOLOS. Y va a sonar desagradable, pero no queríamos visitas. De nadie. Después de estar tanto tiempo con el pequeño ingresado, lo que menos nos apetecía era estar con nadie más que nosotros tres, nuestra (ya por fin) recién inagurada familia en nuestro hogar y nuestra intimidad. Aunque fuera tras ese largo mes y medio. Como todas podéis comprender, yo deseaba estar cómoda y cuando digo cómoda me refiero a estar sin tener que preocuparme por estar peinada o maquillada y con la teta fuera y el lechón colgado.

Otro de los inconvenientes en nuestro caso, es que nuestra casa no es demasiado grande. ¿Por qué lo digo? porque si hay varias personas en la casa se oyen las conversaciones, resultando una casa bastante ruidosa se cierren o no las puertas. Y un bebé necesita tranquilidad. No exagero: había ocasiones en las que parecía que debíamos caminar como si hubiera magma en el suelo. Aunque no fue siempre así, hubo visitas que se sintieron ofendidas por pedir que cuando viniera no fueran grupos muy numerosos o escándalosos o que no fueran de mucho tiempo; otras veces no era necesario decir nada y había una visita cortés que se cruzaba la ciudad y traía un tupper de pollo y besos, preguntaba qué tal iba todo y se marchaba.

Si tuviera que enumerar las normas básicas de visita a una casa con un bebé que haya pasado una situación compleja, serían:

  • Las visitas deben ser breves y prudentes.
  • No te presentes sin avisar (ni se te ocurra ir de otra provincia exprofeso, porque es una manera de coaccionar a los padres, tampoco es afortunado llamar al timbre y decir un “pasaba por aquí”)
  • Lo mejor es hablar con tiempo y que organicen los padres, que sean ellos quienes digan si les apetece o no.
  • Las visitas que sean constructivas. Si hay algo descolocado, no critiques. Si hay algo sucio en el fregadero, puedes charlar mientras friegas esos tres cacharros. Ir a casa de un bebé, tenga o no una situación como la de nuestro pequeño, a que los padres te pongan un café con intención de pasar la tarde no resultará cómodo.

Los médicos nos lo dejaron claro muchas veces, tanto cuando estabamos con el peque ingresado, como ya fuera, las rutinas son muy importantes para los bebés. Aunque parezca una tontería, les aportan tranquilidad. Y a los padres también. Si las visitas no lo entienden, es problema suyo.

Los primeros meses para un bebé fueron comer, cambiar pañal y dormir. Yo fomenté una rutina para que comiera, porque a Alejo le gustaba mucho estar a morro caliente. Mi truco para que tomara ambos pechos era cambiarle el pañal justo al terminar el primero, así se despertaba un poco y volvía a querer comer. Si no lo hacía se quedaba dormido y demandaba comer con más frecuencia. Ese era mi truco, mil madres, mil trucos diferentes.

El baño, para nosotros era un momento para compartir que estimamos poner por las tardes, pero en el hospital la hora de baño era entre las 9 y las 9:30 de la mañana.

En nuestro caso debíamos que tener muchísimo más cuidado con la higiene, tanto la nuestra, la de nuestra casa como la de las personas que se relacionaban con Alejo.

No es exagerado cuando tienes a un bebé que no debe enfermar. Y él era y es nuestra prioridad.

En el hospital, ya fuera en la UCI neonatal o en la pediátrica, nos indicaron una serie de protocolos de higiene, con la precaución de prevenir y cuidar de nuestro hijo y de los niños allí hospitalizados.

Una cosa básica y muy importante lavarse las manos con agua y jabón. Puede parecer una tontería pero es la primera de las normas para entrar en los recintos sanitarios. Tras el lavado de manos, se usa un gel de alcohol terminar de higienizar.

En nuestro caso Alejo necesitaba la mayor salubridad del mundo, nuestra dinámica en casa era:

    • Descalzarnos en la entrada y ponernos zapatillas,
    • Lavarnos las manos con jabón y después echarnos gel de alcohol.
    • De la misma manera, las visitas tenían pantuflas de hotel y se les pedían esas mismas rutinas. Añadíamos además de no besar al niño o tocarle las manos.

Está terminantemente prohibido ir enfermo (de lo que sea) a una casa con un bebé. Y menos justificando con el indignante “si no pasa nada”. De la manera en la que seguro no pasa es no yendo. A nosotros nos pasó y nos dimos cuenta que hay personas que le quita importancia porque como “no tiene que pasar nada” y no intentan ponerse en tu lugar para entender que los motivos que te mueven a ello son absolutamente reales: la salud de tu hijo.

Nuestra situación no era un antojo de unos padres hiperprotectores. Ha sido y es una realidad en nuestro hogar, en algún caso sentido como una ofensa para algunas personas. Ha sido duro sentirnos cuestionados en nuestras decisiones por querer proteger a nuestro hijo. En otras ha sido duro que las normas no se respetasen por el “pero si no va a pasar nada”.

Tras tener a Alejo, nos hemos dado cuenta que interactuar alegremente con los niños no es correcto, ni se debe tocar sus manos ni pies ni cara, que no se les debe besar en la cara, que cada uno tenemos gérmenes a los que no están acostumbrados y sobre todo porque no conoces las circunstancias de cada niño.

Lo importante de todo es que nuestro hijo ha pasado su primer año sin enfermar y era lo máximo a lo que podíamos aspirar.

Si hay padres y madres leyendo porque hay circunstancias parecidas que nos unen, sabed que lo que estáis haciendo es por el bien de vuestro pequeño o pequeña, que juzgar y criticar es fácil, lo difícil es estar a la altura y vosotros lo vais a estar. Ánimo y seguid, vais a salir adelante.

El corazon de Alejo - Boston

 

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